Café Bilbao. Un poco de historia 2
Nos habíamos quedado con los bolsillos llenos.
El porqué de los mismos nos lo sigue contando Carlos Bacigalupe: "Porque era en los cafés donde salían a relucir los pequeños tesoros alimenticios que la previsión y el ingenio de la guerra metían en los bolsillos de los caballeros, al lado de la petaca o la cartera, junto a la pluma estilográfica o el carnet. Gente que cuando entraba en un café para tomar el desayuno o la merienda no reculaba jamás, ¡qué va!.
- ¡A ver! -pedía un café.
- Le advierto que no tenemos azúcar - se les contestaba.
- No importa. Venga el café.
- Tendrá que ser sin leche
- No importa traígalo puro.
Y cuando el camarero dejaba sobre la mesa el negro líquido, aquel parroquiano extraía del bolsillo el paquetito de azúcar, el botellín de leche, el pedazo de pan y hasta el trocito de mantequilla. Y desayunaba como si no pasara nada. ¡Que le echaran a él guerra y racionamientos!
Nunca como entonces fueron tan útiles los bolsillos del traje, convertidos en pequeñas alforjas, donde entraba de todo, desde la lata de anchoas hasta el trozo de longaniza.
Seguiremos poco a poco.


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